René Descartes, físico, matemático y nada más y nada menos que el padre de la filosofía moderna, escribió al final de sus días: “Mi vida estuvo llena de tragedias que jamás sucedieron.”
Jesucristo, nada más y nada menos que el Hijo de Dios, dijo: “Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.”
También dijo: “La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden.”
Somos una sociedad que vive preocupada, somos esclavos de la incertidumbre, somos presos de las expectativas no alcanzadas, somos dependientes del consumo y aún así somos estandarte de la insatisfacción, somos eternos buscadores de la paz viviendo en temor constante. Y allá al final del túnel, una luz que apenas se ve, nos invita a acercarnos y nos dice: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”
Cada quién decide que hace con su vida, y como enfrenta sus problemas y preocupaciones. Yo decidí poner mis cargas en Dios, yo #hedecidido seguir a Cristo, te invito.
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